Because he's on fire

Debido al gran éxito de la vomitiva novela de Dan Brown, “El Código Da Vinci”, la mayor diarrea “literaria” que he leído, se edita el primer libro de este desastre con máquina de escribir, “Ángeles y Demonios”, donde esta vez la secta (en el idioma magufo “sociedad secreta”) es la Illuminati. Se reedita, pues ya existe, pero en edición de bolsillo.

No he leído este libro (ni lo pienso leer), pero me da en la nariz que nada tiene que ver con la película del mismo nombre (una pequeña joyita (para quien le gusta este tipo de cine, claro)).
Estas sectas, o sociedades secretas, parece ser que dominan el mundo. Grandes personajes de la historia (supongo que en contra de la opinión de algunos historiadores) han pertenecido a ellas.

Estas aptitudes de las “sociedades secretas” son conocidas y divulgadas tan sólo por una selecta parte de la población, que no se rasga las vestiduras en proclamarlo a los cuatro vientos, siempre, claro está, que compres su libro. Curiosamente, estos elegidos tienen nombres recurrentes. Juan José Benítez, Bruno Cardeñosa… celéberes nombres dentro del particular universo OVNI, que se pasean por aquí, para comprarse otro Mercedes, supongo.

Al parecer, Walter (Bush), Herber (Bush senior), Kerry (J. F. K.), la gallina caponata… han pertenecido a una sociedad secreta estudiantil llamada “Skull and Bones” (sobre la que se han hecho un par de películas (“The Skulls”)).

¿Por qué alguien se asocia para formar un grupo estudiantil?, ¿cuál es su fin?

La respuesta es sencilla. Cuando éramos pequeños nos gustaba jugar a cosas como “el burro”, “la mosca” y demás juegos violentos, y, según vamos creciendo, nos aficionamos a juegos de cartas o de tablero. Ahora, imaginaos todo eso ejecutado por un grupo de universitarios borrachos sin el más mínimo sentido de la decencia. Eso es una “sociedad secreta”. Su finalidad, el ocio.

Un símil de estas sociedades serían los grupos de amigos, conocidos popularmente como “coleguillas”. Para unirte a él, primero has de ser aceptado por sus miembros, los colegas, y pasar una pequeña prueba, un bautismo de fuego, emborracharte con ellos (por ejemplo). Una vez dentro, tienes determinados privilegios, dependiendo de donde trabajen los sectarios. Si tienes un amigo que trabaja en una oficina (por ejemplo), no tendrás que comprar papel para la impresora nunca más.

Volviendo al tocho de papel inundado de palabras incorrectamente colocadas, “El Código Da Vinci”, su enorme éxito se da, en mi opinión, por el tema que trata. Que sea verdad o no lo que se expone, y que esté bien expuesto, se la suele traer floja al lector (como si se la pica un pollo). Para que nos entendamos, es una película comercial norteamericana “mala” (pésima, basura, un asco, lo más repugnante que pueda haber en el mundo del celuloide (como se suele decir al comer un bicho, “Ummm, repugnante pero asqueroso”)), con un fondo de una película de espías inglesa de los 70 (de Michael Caine), y con un tema “muy de nueva era”. Todo esto, metido en la Turmix, y aderezado con una prosa insulsa, da como resultado un libro como “El Código Da Vinci”.

Recuerdo una frase de la serie de animación “Cowboy Bebop”, en la que el protagonista, Spike Spiegel, antes de enfrentarse a unos mafiosos, dice:

“Mi ojo derecho es de cristal, lo perdí en un accidente. Desde entonces, mi ojo izquierdo mira hacia el presente, pero el derecho está puesto en el pasado”.

Pues sobre “El Código Da Vinci” es mejor no poner ningún ojo, no se os vaya a caer.

La razón por la cual vuelvo a tratar con esta cosa que algunos llaman obra, es, ni más ni menos, por la enorme expectación que entre los divulgadores de la pseudociencia (pseudoperiodistas, pues, al fin y al cabo, están difundiendo como verídico algo que no lo es) está creando. Nos han inundado de libros cuyo motor de venta es “El Código Da Vinci”. En las revistas de divulgación pseudocientífica no paran de hablar del tema. Entre los magufos se augura un “cambio de mentalidad” en la población debido a tal amalgama de materia orgánica virtualmente inútil. Que semejante mierda llegue a ser el libro más vendido no sólo en Estados Unidos, sino también en varios países europeos, es algo preocupante.

Supongo que se debe a la falsa premisa de que leer, sea lo que sea, es bueno. Así, no importa que sea un cómic (como “Lobo”, que trata de un extraterrestre sádico y bebedor, que se cargó a todos los de su especie para poder decir que es “un tipo singular”), un libro de chistes verdes (“la bolas de Billar tienen pelos, ¿verdad Billar?), La Sagrada Biblia (no sé si habéis oído hablar de ella…), la etiqueta del champú (“Lavar y aclarar. Repetir si se desea”), o una gran obra literaria (“hízolo así, y le fue muy bien).

Y, que mejor forma de acabar con este texto, que tal como lo hacía Don Juan Manuel en “El Conde Lucanor”:

Y porque entendió don Jony que este ejemplo era muy bueno, hízolo escribir en este blog e hizo de ello esta frase que dice así:

La letra con sangre entra, pero sólo con buenas y amenas lecturas le cogemos cariño



CODIGO DA VINCI, ELANGELES Y DEMONIOS

0 Responses to “Because he's on fire”

Publicar un comentario



© 2006 Master Of Puppets | Blogger Templates by GeckoandFly.
No part of the content or the blog may be reproduced without prior written permission.
Learn how to make money online | First Aid and Health Information at Medical Health