El Rebaño II. El Retorno

La verdad, nunca sabré transmitir las sensaciones que me producen los escritos que determinados lectores envían a las secciones “cartas de los lectores” de diferentes revistas de divulgación pseudocientífica.

La carta que comentaré a continuación aparece publicada en la revista “Más Allá”, nº 68, de Octubre de 1994 (casi nada).

Desde que salió su revista (comienza el peloteo) no sólo la compro mensualmente, sino que también la promuevo entre mis amistades (esta frase crea cierta ambigüedad… no sabemos si comparte su revista o insta a los demás a que la compren. Actualmente, dada la nueva legislación aprobada por el PSOE en materia de derechos de autor (a la que, por cierto, cuando se encontraba en la oposición criticaba tan duramente), compartir puede ser considerado delito penado con 6 o 12 meses de cárcel. Defraudar a hacienda varios millones, ahora mismo, no conlleva penas de cárcel) por su alta calidad (el ejemplar que yo poseo está un poco carcomido por los años, manchada por una coca cola que se me cayó el otro día, y le falta una grapa en el lomo…). No obstante, en este número del mes de Agosto me ha sorprendido un anuncio muy poco metafísico que insertan en la página trece, sobre un restaurante con especialidades en carnes rojas (pues yo lo veo muy metafísico… nos hace plantearnos la muerte y su posterior preparación culinaria). Sé que los lectores no tenemos por qué censurar anuncios (no, eso también lo hace el gobierno actual, no se preocupe), pero o ustedes están muy mal de dinero (lo dudo… aunque quizás les pueda la avaricia) o el restaurante pertenece a algún familiar, ya que ese anuncio desentona con su revista (si, la verdad es que no pega) tanto o más que un disparo en plena fiesta de Navidad. No creo que llenar el estómago sea asunto de MÁS ALLÁ (aunque quizás lo harían mejor). Sentiré tener que dejar de comprarles (que radicalismo) y pasarme a otra publicación que vaya en una línea auténtica de la Nueva Era (hay que mantener contenta a la prole para evitar su migración).

[Pon tú el nombre]
(Directora de la revista Seres Sin voz y miembro de la Federación Española de Sociedades Protectoras de Animales y Plantas)


Como [Pon tú el nombre] nos expone en su carta, la publicidad de esta revista de divulgación pseudocientífica no es acorde a los temas tratados. Una mujer que no ha visitado Valladolid (donde todos los lechones viven felices… hasta que los meten en el horno), indignada por el comercio carnal promulgado por una revista "de alta calidad", amenaza con dejar de comprar la publicación. En otras palabras, dinero se va… inadmisible, hay que convencerla.

Aquí viene la respuesta de la revista (de la revista no, que es inerte y no puede escribir, sino de quien responda a estas cosas).

Qué duda cabe de que en su camino evolutivo los seres humanos eliminarán de su alimentación en el futuro todo tipo de carne (supongo que en contra de los médicos), transformándose en vegetarianos (eso quiere decir que, animales como los cerdos desaparecerán, porque, que alguien me diga para qué queremos un cerdo sino es para papeárnoslo). De hecho, muchas personas han adoptado ya esa actitud y no consumen animales muertos en razón de multitud de razones (valga la redundancia) que no creemos necesario reiterar (vaya… seguro que daba juego). Tal es la postura de la revista y así la mantenemos desde el inicio de nuestra publicación. Cualquier persona medianamente informada sabe que ingerir alimentos cárnicos es tomar materia en estado de putrefacción que contiene multitud de tóxicos perjudiciales para el organismo (es más, cualquier persona conveniente informada sabrá que el ser humano, entre muchas otras cosas, en omnívoro, es decir, necesita un poco de todo para una correcta formación. Nunca un médico recomendará a una persona una dieta vegetariana (puede recomendar mayor o menor cantidad de vegetales, pero no únicamente estos). Hay que comer de todo, en la medida justa, ya que los excesos, así como los defectos, son perniciosos para nuestra salud). Y no hablemos ya de las razones éticas por las que las personas más evolucionadas (¿altos, rubios, con los ojos azules?... ¿de qué me suena?), con razón (muy discutible), rechazan quitar la vida a un ser vivo, por cuanto están truncando su camino evolutivo (esta es la idea más soberanamente estúpida que he escuchado en años. Y más teniendo en cuenta que se ha dado a conocer en una publicación en papel, para la que se han utilizado varios árboles, esos seres vivos que transforman el dióxido de carbono en fresco y puro oxígeno, tan beneficioso para el organismo). Todo eso es cierto (en realidad no) y así lo manifestamos. Pero no es menos cierto que el hombre es también un ser en evolución que progresa a medida que comprende (nooooo, ¿en serio?... menuda mente preclara tenemos ante nosotros) y asume las consecuencias de sus actos (que curioso… algunos no han evolucionado lo suficiente en este aspecto, pues siguen publicando como verdad lo que no lo es, en pos de la billetera, y no asumiendo sus responsabilidades como periodistas). Y la labor de quienes han avanzado más (¿de donde sacan estas cosas, del Mein Kampf (“Mi lucha”, de Adolf Hitler)?, ¿o se las dictan los “Hermanos Mayores ”?), de quienes poseen un mayor grado de conciencia (después de Sabino Arana, este es mi ideólogo fascista preferido), es la de enseñar y hacer comprender a los otros (que son inferiores, claro). Pero jamás imponer (claro que no, nunca imponer. Soy tu superior, mi mente es más avanzada que la tuya… pero puedes seguir comportándote como un estúpido neardental del siglo XX) esa –o cualquier otra- enseñanza. Se trata de convencer y enseñar, no de exigir. Y, por encima de todo, de respetar el libre albedrío (menuda demencia, ahora se cree el Dios en el que yo no creo… por cierto, llamar inferiormente evolucionados a la gente que, con corrección a las opiniones de los especialistas, se alimentan de animales muertos, previamente cocinados, no es ser respetuoso). Razón por la que de la misma manera que expresamos nuestra opinión contraria al consumo de carne, respetamos el derecho ajeno de hacerlo. La intolerancia no ha sido nunca síntoma de sabiduría ni de elevación espiritual.

Con esta maravillosa exposición podemos concluir, entre muchas otras cosas, que no quieren perder el dinero que el asador les paga por mantener en la página trece su anuncio, pero que tampoco quieren perder el que esta señora aporta mensualmente (amén de la mala publicidad que podría generar desde la revista, muy posiblemente de Nueva Era, que dirige).

Moraleja: La utilización de términos fascistas en un tono suave es perfectamente aplicable a la defensa de los intereses económicos.

P.D. : Han cambiado el anuncio de la página trece a la quince.

P. P. D. : Con esto no me posiciono en contra (pero tampoco a favor) del vegetarianismo, pero si de las estupideces que suelta según que gente para ganar dinero.

Picha en la imagen para ver el anuncio de la discordia

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