Los Cuentos Parapsicológicos III

En aras de no asustar con un texto demasiado largo a los nuevos visitantes, y con el fin de tener textos de sobra para actualizar en otra ocasión, analizaré sección por sección, a una entrada de blog por sección, las paranoias del CEPE. También he tenido en cuenta las secciones que quedan por analizar, pues todas dan mucho juego, para entradas extensas.

Siguiendo con la comedia, ahora toca la sección de telepatía de la página del CEPE:

TELEPATÍA

Bueno, antes de nada, definir qué es la telepatía. Según el diccionario escéptico:

Literalmente: "sensibilidad a distancia". El término es frecuentemente usado como una versión abreviada de telepatía mental y se refiere a la lectura de la mente, percibir los pensamientos de otros a través de la pes.

Ahora, vamos allá con el CEPE.

¿Pueden comunicarse las plantas mediante mensajes telepáticos? La conclusión afirmativa a esta cuestión fue promulgada por Cleve Backster, quien realizó unos curiosos experimentos.
Unos años después, se llevaron a cabo experimentos similares con sauces, pero presentando otra conclusión. Infrasonidos o ultrasonidos serían el medio de comunicación, supuestamente, de estas plantas.

Ahora, sólo queda valorar cual de estas conclusiones resulta más lógica, para lo cual, la navaja de Ockham nos sirve (¿cuál explica mejor el fenómeno?).

Tras esta pequeña introducción a la comunicación floral, de la que poca chicha se puede sacar, nos muestran, según ellos, claro, un poco de ciencia.

Sale a relucir el Dr. J. B. Rhine, y las fabulosas tarjetas con estrellitas y más diminutivos geométricos (circulitos, cuadraditos…), que tenían el fin de mensurar las capacidades telepáticas de una persona. Siempre me he preguntado cuál era la razón de utilizar un sistema tan proclive a la casualidad, si de verdad se quiere dar base estadística a la telepatía. Si, en lugar de utilizar una reducida cantidad de figuras simples, y dar a conocer al cobaya, antes de la experimentación, cual era el elenco geométrico entre el que podía escoger, hubieran utilizado textos enteros de libros a priori desconocidos por el sujeto a prueba, no haría falta jugar con la estadística. Con dos o tres textos para hacer la prueba, el azar quedaría prácticamente eliminado. Con las tarjetitas, el porcentaje de aciertos por encima de los cuales se debería considerar algo más que una casualidad dependerá demasiado de la cantidad de veces que se repita el experimento, así como del porcentaje de casualidades preestablecido.

Bueno, siguiendo con el maravilloso texto del CEPE, aparece la historia de James McDonnell, multimillonario presidente de la empresa aeronáutica McDonnell Douglas, quien donó medio millón de dólares en 1979 para fundar un laboratorio de parapsicología. Los experimentos realizados en el mismo sobre un par de chavales de 17 y 18 años, según el experimentador, fueron todo un éxito. Años después, James Randi comentaba sobre los mismos la facilidad para el engaño, en una conferencia sobre escepticismo, después de haber aconsejado a Peter Phillips (quien realizó estos experimentos) tener un ilusionista capaz de descubrir trucos presente en el experimento. Los dos chavales objeto del experimento de Phillips, eran discípulos de Randi

Resulta curiosa una experiencia realizada por el ruso Leónidas L. Vasiliev:

No parece haber sucedido esto en las experiencias realizadas por el soviético Leonidas L. Vasiliev con dos personas que mantuvo dentro de sus respectivas jaulas de Faraday, a prueba del paso de los rayos gamma, ondas ultracortas y de gran longitud. A pesar de tan formidable barrera, uno de los sujetos transmitió al otro, un mensaje telepático.

Justo después de plantearse desde el CEPE la creencia en la veracidad de estos experimentos, nos propinan este párrafo:

El hecho de que intervengan en los fenómenos telepáticos las ondas cerebrales parece haber sido puesto de manifiesto por el fisiólogo checo S. Figar.

Pero, si ya se habían conseguido resultados positivos en el experimento de Leónidas, ¿cómo habían podido las ondas cerebrales (muy poco potentes, por cierto) atravesar las jaulas de Faraday del experimento?

La jaula de Faraday impide las perturbaciones producidas por campos eléctricos externos. Quizás me equivoque, pero, ¿no son esas ondas cerebrales un campo eléctrico externo (hay que tener en cuenta que cada persona tenía su propia jaula de Faraday)? Se contradicen los experimentos…

De todos modos, la potencia de las ondas cerebrales, como he dicho antes, es ínfima, resultando imposible la comunicación por medio de las mismas como si de una radio se tratase.

Tras la contrariedad existente en cuanto a la experimentación en este campo, nos meten de lleno en el anecdotario común, con historietas de Mark Twain y su amigo William Wright (una buena anécdota que seguro contaban en sus reuniones sociales), y otras similares de gente que nadie conoce localizada en lugares cuanto más lejanos mejor y en tiempos remotos.

Se trabaja en la comunicación espacial”, así comienza este nuevo párrafo, también dedicado a las anécdotas (podemos determinarlos así, pues se trata de esos típicos cuentos de la guerra fría).

Antes de esto, en Julio de 1955, se había realizado otra prueba telepática en un centro de investigaciones ubicado en la base naval de Friendship, Marylad. Una persona dotada, al parecer, con poderes telepáticos, recibió unas tarjetas con dibujos diversos. Después de mirar fijamente cada una y de concentrarse largo rato, proyectó la imagen del dibujo hasta un lugar situado a 2.000 kilómetros, en pleno océano. En aquel lugar se concentraba el submarino atómico Nautilus, donde un oficial intentaba captar el mensaje telepático enviado desde Meryland. Se concedió una enorme publicidad al experimento y se afirmó que había obtenido un 70% de aciertos. Sin embargo, el alto mando se negó a confiar a la prensa la información que ésta deseaba. ¿Era porque no habían obtenido los resultados esperados, o porque ningún militar deseaba verse acusado de practicar algo que tenía mucho de brujería?

En este caso, sucede lo que comentaba antes de los porcentajes. Con la información que nos proporciona el CEPE, no podemos determinar que ese porcentaje sea significativo. Necesitamos conocer cómo se hizo el experimento exactamente, especialmente en cuanto al número de veces que se repitió.

Otra prueba sádica y perversa hicieron los soviéticos, con un submarino y una coneja y sus crías (parece el comienzo de un chiste). De nuevo, anécdotas de la guerra fría.

Parece ser que no les gusta tener que explicar la telepatía, así que cambian un poco de tema.
Nos hablan de Jung y su parecer sobre las casualidades:

El psicólogo suizo C. G. Jung (1875-1961), uno de los creadores del psicoanálisis, intentó explicar las coincidencias de manera muy particular. Proponía un proceso capaz de atravesar el tiempo y el espacio para ordenar los acontecimientos de la misma manera que los arquetipos ordenan el contenido preconsciente de la psique humana. Y llamó a las coincidencias sincronismos, que son provocados más que frutos del azar.

Bueno, en la “Suma Teológica” de Santo Tomás de Aquino, también se nos habla sobre la causalidad. Todo es causa del entorno, luego todo es causal. El universo es una gran causalidad originada a partir de una casualidad. Para Santo Tomás de Aquino, esta casualidad es Dios (obviamente). Para algunos, esta casualidad origen de todo es la partícula primigenia de densidad infinita (contiene toda la materia del universo en un volumen ínfimo) rodeada de energía de la teoría del Big Bang. De hecho, a esta partícula se la llama, a parte de partícula de [nombre del autor de la teoría del Big Bang… si me acuerdo lo pongo] o partícula de Dios (aún siendo ateo, hay que admitir que el nombre le queda bien). Einstein también opinó sobre esto… pero no recuerdo lo que dijo. De acuerdo al segundo principio de la dinámica de Newton, el principio de acción y reacción, se puede deducir esta causalidad (un efecto es reacción de una acción previa… así desde la primera casualidad, o la primera acción no causada por otra acción). También está la conocida frase que viene a decir lo mismo:

Cuando una mariposa mueve sus alas en Nueva York, un huracán azota la ciudad de Tokio

Esto poco o nada tiene que ver con la telepatía, pues, cuando se habla de casualidad en estos casos, se supone que es algo no premeditado, es decir, no se han realizado una serie de cálculos previos o de suposiciones con el fin de hallar respuesta a qué tarjetita a cogido el experimentador. De acuerdo con la causalidad, se podría predecir, pero la cantidad inmensa de variables que entrarían en juego, lo hace prácticamente imposible. Esto, claro está, siempre que la teoría de la causalidad sea acertada.

Dejando este pagurcio de casualidades y causalidades, el CEPE nos cuenta más historias:

Se llamaba Héctor Munro, pero alcanzó gran celebridad en Inglaterra bajo el seudónimo de Saki. En sus deliciosos cuentos arremetía, sarcásticamente, contra sus tías, con quienes debió vivir a la muerte de sus padres. Saki murió en 1915 por no creer en las coincidencias, o porque una de las difuntas tías quiso vengar las viejas burlas. No es cierto que el rayo no caiga nunca dos veces en el mismo sitio, o que un obús no lo haga tampoco. Encontrándose en el frente de Flandes, un obús abrió un enorme cráter cerca de donde Saki estaba agazapado. Pensando hallar ahí refugio seguro, Saki corrió hacia él. Confiaba en la ley de probabilidades. Cometió un error, porque segundos después quedaba el pobre hecho añicos.

Saki, macho, a ti te ha cagado el búho. Es difícil, casi imposible, que un rayo caiga dos veces en el mismo sitio. También lo es en el caso del obús. Muy difícil, pero no imposible. Si no hubiese otro lugar, como por ejemplo un sótano o un bajo, donde esconderse en esos momentos, yo también elegiría con el criterio de Saki.

En el resto del texto, nos hablan de casualidades curiosas, desviándose completamente del tema de la telepatía (supongo que en defensa del sistema de tarjetitas).

Para terminar, un pequeño ejemplo del por qué se deben pedir más datos sobre los resultados estadísticos.

Según las estadísticas, el 30% de los accidentes de tráfico se producen por el exceso de alcohol y velocidad. Luego, el 70% no. Es decir, según este resultado, es más seguro conducir borracho a toda velocidad. En realidad, si nos mostrasen el porcentaje de accidentes de tráfico de personas que no conducen borrachas y a alta velocidad, y lo comparásemos con la de aquellos que si lo hacen, veríamos la inseguridad del segundo supuesto frente al primero.

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