El rebaño III: las caras

De nuevo, un texto, en este caso del señor Jiménez del Oso que, en defensa de intereses económicos, por supuesto. Ya tuvimos intervenciones de este tipo aquí y aquí.

De todos modos, es una suerte poder contar con gente veterana que nos alegre los días de este frío invierno, entreteniéndonos con sus elucubraciones, fantasiosas o no, sobre la realidad de los hechos de actualidad.

¡Queridos Augustos!

Ya los dije: con las nuevas caras se iba a montar un circo.

Es cierto, lo dijo, aquí.

No pretendo darle al término un sentido peyorativo; en el circo hay de todo y es ahí por donde voy. Hay funámbulos, trapecistas que se juegan el tipo sin red, equilibristas que caminan por la cuerda floja, ilusionistas que tiran la piedra y esconden la mano, domadores que, protegidos con sólo una silla, se enfrentan a la fiera de lo desconocido…

Oh, vale, bien, los “himbestigadores” de fenómenos paranormales (diferentes a los fenómenos normales), son, presumiblemente (aunque no mucho), estos domadores… que, supongo, al igual que los buenos domadores de circo, conocerán perfectamente eso a lo que llaman “desconocido”, y engrandecerán lo temible y peligroso de esa fiera (que en sus manos no deja de ser algo dócil).

y payasos, muchos payasos de esos que llaman augustos y van de listos para dar pie a que el otro payaso, el que hace de tonto, dé más risa. A ellos, a los augustos, dedico estas modestas líneas en homenaje por lo bien que, en este caso, representan su papel.

No puedo sino darme por aludido. No por la descripción con que nos propina el doctor, excesivamente inexacta, como señalaremos, sino porque es su intención describir a gente como yo.

Con su brillante sombrero cónico, la cara blanca, y una enorme ceja alzada pintada en la frente, son el “summun”, la hipérbole, la máxima expresión del despiporre;

Muchas gracias. Es el cometido de este blog. Salvo que no se comentan las arengas propias, sino las ajenas.

probablemente porque hacen de payaso listo tan metidos en la piel del personaje, que se creen listos de verdad en vez de payasos. Para mi regocijo, que uno ya está de vuelta de casi todo, en estos días los veo, escucho y leo en los medios de comunicación pontificando sobre el asunto de Bélmez con gracia infinita.

Tampoco han salido tanto…

Al margen de su ocasional, aunque brillante, actuación circense, ejercen las más variadas actividades, predominando la de periodistas o la de contertulios radiofónicos y televisivos.

Independientemente de que su afirmación sea o no correcta, la experiencia nos demuestra que en este caso, la investigación periodística es más que suficiente para dar al traste con semejante “fenómeno paranormal”.

Sin haber investigado y, en la mayoría de los casos, haber puesto siquiera un pie en ese pueblo, “saben” que eso de las caras es un timo, como ya se “demostró” en su momento, hace más de treinta años.

Por supuesto. Es un timo vender, como se vendió, y como se sigue vendiendo, esas caras como fenómenos paranormales, entre otras cosas, porque no se posee una definición positiva (contrastable) de “fenómeno paranormal”. Como lo vendieron, y lo volverán a vender (¿a alguien le sorprende que se vaya a sacar un libro sobre las nuevas caras de Bélmez?), desde libros y revistas de divulgación pseudocientífica (como Enigmas).

Tal payasada, expresada enfática y doctoralmente, como hacen los augustos de pro, sirve para que el público se desternille de risa con las bobadas que decimos nosotros, los que hacemos de payasos tontos.

El público se parte de risa ante hechos y dictámenes risibles, independientemente de quien lo cuente. Hay que tener en cuenta que lo que se ha hecho en este tema es aportar más datos, datos verídicos, contrastables, frente a afirmaciones extraordinarias que cada día se acercan más a la ordinariez (de lo sobadas que están). El resultado de esos datos, como bien explica el doctor del Oso, es un chiste. Y es que, una carcajada vale más que mil silogismos.

Podría ser humillante si, en vez de hablar movidos por su condición de papanatas e idiotas ilustrados, los periodistas, columnistas, y contertulios a los que aludo hablasen con conocimiento de causa y el presunto fraude fuese real y no una farsa urdida para darle carpetazo al tema, como se ha demostrado cumplida y reiteradamente.

¿Enserio? ¿Dónde se ha demostrado tal cosa? Por ahora, lo único que he visto han sido excusas vanas que no pasan de un “nadie me ha visto pintarlas, luego son paranormales; ¡vendámoslas!”.

Por su parte, el público va de público y no de otra cosa, dispuesto a reírse con lo que le echen y no a pensar, que eso ya lo hacen cada semana cuando llenan su quiniela; no sería justo exigirles un esfuerzo suplementario.

Muy buen razonamiento. Las caras de Bélmez son paranormales porque aquellos que no opinan lo mismo piensan de manera errónea. “Toda opinión es respetable, pero sólo la mía es verdadera”.

Se nota que el discurso va encaminado a la prole que, mayoritariamente, apoya la paranormalidad de las caras de Bélmez (por lo menos de las antiguas). De este modo, se ataca y desprecia a unos, enarbolando la moral de otros, creando diferencias en la sociedad (o, en la parte de la sociedad que se lea esto y se lo tome enserio) por el mero hecho de pensar de manera diferente. Así tenemos a las élites de lo paranormal, frente a los humildes estúpidos que se oponen a ello…

Ahora, con las nuevas caras, el asunto ha ido a mayores y hasta los payasos tontos quieren hacer de augustos.

No sé a quien irá referida esa frase…

Las antiguas caras bien estaban; aunque más falsas que Judas para los augustos y el público reidor, eran cosa que se iba diluyendo, un referente chusco de la España profunda y supersticiosa, un ejemplo de lo oportunistas y sacacuartos que pueden llegar a ser los parapsicólogos y quienes nos enriquecemos a costa de esos inexistentes fenómenos

Por lo menos lo reconoce. La mejor forma de demostrar que la posición que mantienen esos augustos no sólo es errónea sino absurda, es mediante pruebas a favor de la tesis paranormal.

pero las nuevas han rebasado ya la paciencia de la gente “seria”, que no está dispuesta a permitir que el “camelo” se perpetúe.

Entrecomilla la palabra seria como referencia despectiva a aquellos que no piensan de acuerdo a la hipótesis que el defiende, la única verdadera, según se destila del texto.

De todos modos, el esperpéntico escenario dibujado por la SEIP, ayudado desde revistas como Enigmas, nos demuestra que es casi imposible acabar con este insulto a la inteligencia debido, entre otras cosas, a la obcecación por hacer pasar la ficción como realidad.

Para ellos, todo está claro: la alcaldesa de Bélmez quiere convertir el pueblo en una Disneylandia de lo paranormal y llenar las arcas del ayuntamiento con los millones de euros que aportarán las inmensas oleadas de turistas. Ya están habilitando terrenos para levantar decenas de hoteles, centenares de chalés adosados, varios balnearios, campos de golf e, incluso, hay rumores fundados de que el AVE se va a desviar para que pase por Bélmez.

La estupidez humana cobró forma cuando se construyo un parque mostrando alegremente las elucubraciones racistas de Von Däniken. Es difícil superar eso, aunque por el, según los vendedores del misterio, mayor fenómeno paranormal del mundo.

De todos modos, al margen de tal exageración, es reseñable que las caras de Bélmez sirven como fuente de ingresos a mucha gente. Desde las páginas que se han llenado con las antiguas, y también con las nuevas, en revistas de divulgación pseudocientífica, hasta libros, que versan tanto sobre las antiguas como sobre las nuevas caras, todo es beneficio.

Tan estúpidas acusaciones resultarían divertidas si, con ellas, no se estuviera poniendo injustamente en entredicho la honradez de muchas personas.

Es posible que muchas de esas personas no sean honradas.

Creo que la Ley debe actuar y que cada augusto asuma las consecuencias de su diarrea verbal y de sus tan falsas como graves acusaciones.

De hecho, todos asumen la responsabilidad de sus textos (por lo menos, yo sí), excepto la SEIP, que afirma alegremente lo que le viene en gana y luego se hace la víctima, cuando se ponen en duda tales afirmaciones.

Cada día se nota más la cantidad de peces que bebían de la paranormalidad de las caras.

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