Descartada la paranormalidad de las siluetas del Windsor

Un experto parapsicólogo, nuestro admirado y querido Pedro Amorós, probablemente sacando algo de tiempo del ajetreo que tiene estos días preparando la querella contra su buen amigo Javier Cavanilles, ha tenido la deferencia de analizar de manera exhaustiva las imágenes de en las que un videoaficionado captaba dos siluetas durante el incendio del edificio Windsor. Amorós nos cuenta sus impresiones, acallando así a voces acordes al pensamiento mágico y la difusión de la irracionalidad, que sostenían las más variopintas hipótesis paranormales.

Antes de continuar relatando esta noticia, desearía que, quien no lee esta bitácora de manera habitual, se cerciorase del cariño que desde aquí se profesa por este gran hombre, como se demuestra aquí, aquí, aquí también, allí, en este, y en este, también por aquí, en este otro, en aquel de más allá, en éste, y, por supuesto, en este otro… Una vez dicho esto, creo que queda bien claro que no existe ningún tipo de acritud en mis comentarios (todos sabemos de sobra que Amorós es capaz de cagarla el solito, sin ayuda de nadie más).

Amorós lo tiene claro, según leo aquí:

Desde la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas sostienen que las imágenes captadas por la cámara de un videoaficionado son imágenes de personas humanas y no de fantasmas.


Muchos de nosotros nos preguntaremos cómo ha llegado a tan magnífica y racional conclusión. Y, quién mejor que un diplomado parapsicólogo, con años y años de experiencia, para explicárnoslo, ¿verdad? Si fuésemos unos detractores depravados y comeniños, lo primero que le preguntaríamos a Amorós es qué diferencia a las personas humanas del resto de las personas. Una de esas preguntas cuyo único fin es ahondar en la llaga.

Sigamos con esta amena e informativa lectura.

La Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas cree que las dos siluetas grabadas por un videoaficionado en planta 16 del edificio mientras se producía el incendio "corresponden a personas humanas y no a ningún tipo de fantasma, espectro o reflejo". Según su presidente, Pedro Amorós, las siluetas que se ven en las imágenes en el interior del rascacielos realizan unos movimientos que "no se corresponde realmente con los efectuados puramente por figuras fantasmales".

En efecto. A la aguileña vista especializada de Amorós no se le puede escapar semejante dato. Las siluetas no se movían de acuerdo a los patrones de definición de los fantasmas, ergo, no son fantasmas. Una deducción lógica. Si fuésemos unos detractores depravados y comeniños, le inquiriríamos a Amorós sobre esos patrones de movimiento a los que se refiere, exigiendo pruebas veraces de sus afirmaciones y, probablemente, resaltando la probable inexistencia de esos seres habitualmente llamados fantasmas según la definición que la parapsicología prevé para ellos. Otra de esas preguntas incómodas.

Pero, no nos detengamos aquí, porque la cosa sigue.

Escépticos


Al principio, pensé que se iba a referir, en el párrafo titulado así, a lo que los detractores depravado comeniños podrían decir sobre sus declaraciones… pero, leyendo el siguiente párrafo recordé el escepticismo de Amorós, que se puede observar en todas las conclusiones a las que maestralmente llega. Si fuésemos unos detractores depravados y comeniños, señalaríamos varios ejemplos de cómo Amorós es un crédulo que fomenta la irracionalidad, con fantasmitas y teleplastitas, como éste y éste. Ahí, echando sal en la herida.

Amorós recordó las apreciaciones realizadas por bomberos sobre la temperatura
del edificio en ese momento y descartando que se tratara de personas de carne y
hueso y precisó que ellos son escépticos con el tema y se decantan más por que
sean personas reales.


Como todo buen escéptico, Amorós defiende la tesis de que esas tranquilas figuras, personas humanas para más dato, se encontraban en una habitación con una temperatura entre los 300 y 400 grados Celsius. Si fuésemos unos detractores depravados y comeniños, señalaríamos que, o la temperatura, o las personas, pero ambas a la vez no. Destacaríamos la increíble resistencia de la linterna, que alumbraba aún en semejante horno, y la tranquilidad de esas personas, llegando, quizás, a la conclusión, y hasta más datos, de que el valor de la temperatura era equivocado. Después de esto, comentaríamos en nuestras bitácoras semejante noticia, probablemente en tono jocoso. Metiendo el dedo en el ojo.

Pero, no todo se lo va a llevar Amorós, claro:

Por su parte, el presidente de la Sociedad de Investigaciones Parapsicológicas de Toledo, Ángel Gil, dio hoy total credibilidad a las imágenes captadas por un matrimonio de Reus (Tarragona) y descartó el montaje televisivo, y manifestó que las dos siluetas que aparecen en torno a las tres y media de la mañana en el rascacielos "no se corresponden con ningún fenómeno paranormal y se trata con toda seguridad de personas humanas".

Con los dos testimonios de los profesionales, podemos dar fe de que de un fenómeno paranormal no se trata. Si fuésemos unos detractores depravados y comeniños, inquiriríamos a esos dos parapsicólogos sobre su especialidad, exigiéndoles una definición de paranormal que pudiese ser contrastable, es decir, que encuadre un determinado fenómeno en una categoría, que sería estudiada por los profesionales especializados en el tema. Esto lo haríamos a sabiendas de que no existe tal definición, con el único fin de dejar en mal lugar a aquellos que se dicen profesionales en esa materia. Ahí, picando.

Creo que no yerro al decir que mucha gente estará aliviada con las palabras alentadoras del profesional. Aunque es una pena que deseche los unicornios rosa de Ganímedes, dejando sólo cabida a las personas humanas.

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