El Rebaño IV: ética y pseudomedicina

La difusión de pseudociencia, sobre todo en el caso de la pseudomedicina, es contraria en multitud de ocasiones con la ética más elemental. Cuando somos parte de un medio de difusión con un relativo éxito o número de lectores, más o menos grande, que toman en serio las noticias y afirmaciones que se publican, lo menos que se puede hacer es verificar la noticia.

Hemos de tener en cuenta que no estamos jugando con algo que, relativamente, no tiene importancia o relevancia en la vida de los lectores, como puede ser el tema OVNI, que te lo crees o no te lo crees, pero apenas te afecta mantener una posición o la contraria. Estamos ante las pseudomecinas, que si se toman en serio, pueden causar algún perjuicio.

Lo normal sería que, si ves que esa pseudomedicina en concreto puede ser peligrosa, si tienes constancia de ello y no de su inocuidad, cejes en el intento de su promoción.

Sin embargo, esta opinión puede no ser compartida por algunos. Un buen ejemplo lo encontramos en la sección de 'cartas' de la revista 'Más Allá' de Octubre de 1994 (es un ejemplo viejo, pero que seguro que se puede aplicar muy bien a los tiempos que corren). No comentaré nada, porque se comenta solo.


Carta

La presente carta es para informar a los lectores de su revista de mi experiencia con el sanador sirio Hassan Bayzid.
Después de leer en su publicación que esta persona poseía el "don" de diagnosticar a distancia, animé a mi hermana de treinta y cinco años, que sufría numerosos cólicos, a que se pusiera en contacto con él.
Ahora hemos sabido que lo que mi hermana tiene es un quiste en el ovario, pero la respuesta que nos dio este señor es que tenía sida avanzado, pese a que mi hermana ni bebe, ni fuma, ni a tomado droga alguna. Por supuesto, el impacto en la familia fue tremendo y el de mi hermana terrible, ya que dejó de comer, dormir y cayó en una grave depresión. Hemos pasado un mes de angustia hasta que en el hospital nos han dado los resultados negativos de la prueba del sida.
Comprendo que ustedes no tienen la culpa, pero nosotros tampoco. Por ese motivo me he decidido a contarles lo que ha ocurrido y avisar a los lectores que puedan estar en mi situación de los riesgos que corren si acuden a él.

P. García
(País Vasco)

Respuesta

Lamentamos enormemente lo ocurrido. Las dotes de sanación a distancia de Hassan Bayzid fueron confirmadas por esta revista después de entrevistar a un buen número de enfermos que habían tenido experiencias satisfactorias con él. Pero ya avisábamos a nuestros lectores de que no se trataba, en ningún caso, de un estudio científico, y que cada persona debía valorar los pros y los contras, así como el riesgo de posibles imprecisiones. Sentimos el dolor innecesario causado a su familia y todo lo que podemos hacer al respecto es publicar su carta para conocimiento público, así como reiterar nuestro aviso de que el diagnóstico a distancia no es una ciencia exacta, sino la manifestación de un fenómeno difícil de explicar, pero también sujeto a lamentables equivocaciones.

Sí podían haber hecho algo al respecto, no seguir dándole publicidad al "sanador a distancia" y su ciencia inexacta sujeta "a lamentables equivocaciones" ¬¬.

La carta en un archivo de imagen.



En el fondo son unos santos que sólo viven por "la voluntad" de ayudar a los demás...

Sevilla tiene un color especial

De todos es sabido que Dan Brown, el autor del genial libro El Código da Vinci, se vuelca al máximo en sus investigaciones, con el fin de crear libros no sólo entretenidos y trepidantes, con una prosa magistral, sino también veraces. Por eso es un best-seller. Sus libros se esperan como antes se esperaba a los cantantes pop: con nerviosismo, angustia. Vamos, yo lloré cuando salió Ángeles y demonios.

Cuando leí El Código da Vinci, una gran obra que cambió mi vida y mi visión del mundo por completo, mi reacción fue de clara veneración. Con motivo de mi jolgorio, escribí esto:

El libro está pésimamente escrito. Dan Brown tiene la desfachatez de llamarse escritor y dejar semejante basura para el lector. Pero la carencia en la prosa de este personaje no interfiere para que éste se convierta en un best seller mundial. La razón es bastante simple: misterio, acción, historia tergiversada para que encaje con las teorías propuestas, sexo, feminidad y dogmática de la iglesia. Como una de esas insulsas películas americanas prefabricadas con el único objetivo de captar adeptos en forma de billetes verdes, “El código da Vinci” triunfa pese a ser la mayor patraña escrita que jamás he leído. Una buena mano en marketing puede hacer realidad el milagro.
Además, las teorías de Dan Brown no son nuevas. La mayoría de ellas proceden del libro “Holy Blood, Holy Grail”, y el resto son pobres y arcaicas teorías esotéricas sin el menor fundamento. Muy trillado el tema de la posible descendencia de Jesús.
La ignorancia del autor se manifiesta constantemente, en la historia pasada y presente de la iglesia (uno de los antagonistas es un monje del Opus Dei, pese a que el Opus no tiene monjes), en la historia y las interpretaciones pictóricas (el cuadro de la última cena no es como lo pinta, tergiversando la verdad para su beneficio), en geografía…
La mitificación del sexo, junto con la manifestación de la divinidad femenina, son una constante en esta pésima obra. Tan constantes que parece que no hable de otra cosa (a mi también me gusta… pero tanto como una experiencia espiritual…). Y es que, tienes un problema cuando ves penes en la Torre Eiffel.
Unos personajes planos, carentes de la inteligencia que Dan Brown les quiere atribuir, intentan resolver una serie de enigmas, algunos de los cuales se pueden considerar un insulto a la inteligencia humana (un mensaje que no son capaces a descifrar estaba escrito al revés).
Una aberración.


Y es que estábamos ante un claro caso del síndrome de Stendhal (sí, el de la película de Argento): aturdimiento, palpitaciones, vértigo, angustia, sensación de ahogo y, adicionalmente, mareos y vómitos. Es que era algo tan bello...

Con motivo de la reedición de Ángeles y demonios, otra de sus grandes obras, ya le dediqué a este autor unas palabras, desde mi total respeto y admiración, por supuesto:

Debido al gran éxito de la vomitiva novela de Dan Brown, “El Código Da Vinci”, la mayor diarrea “literaria” que he leído, se edita el primer libro de este desastre con máquina de escribir, “Ángeles y Demonios”, donde esta vez la secta (en el idioma magufo “sociedad secreta”) es la Illuminati.


Ahora, se edita en nuestro país otra de las grandes obras de este gran literato, Fortaleza Digital, donde 'el maestro' nos describe España desde su punto de vista, con frases bellas y poéticas.

Así pues, nuestro sistema sanitario es 'como un siniestro set montado para una película de terror de Hollywood'. Imágenes que cualquiera puede ver en nuestros hospitales día a día son narradas con especial maestría; 'El aire olía a orina... Una mujer sangrando... Una pareja joven llorando...Una niña rezando...'. Se me erizan los pelos de lo acertado de su descrpción. Una vez tuve que ir al hospital para que me escayolasen un brazo, y recuerdo a mi madre, llorando desconsolada por la casi inminente muerte que me esperaba, esa fatalidad, 'quizás no en lugares del mundo más avanzado médicamente pero en España era fatal', mientras mi padre y yo nos subíamos al carro tirado por Manolito, el burro que con tanto esfuerzo estábamos pagando a plazos. Una vez allí, como yo no podía rezar por mi maltrecha mano, mi padre me miró en mi impotencia y rezó por los dos (sniff, qué bonito). Y es que, amigos, esto no es América. Aquí la gente se muere porque la medicina es casi medieval, no por la privatización de la sanidad.

Pero no todo se queda aquí. Su buen tino y su magistral investigación llegan incluso hasta el mundo de las telecomunicaciones, ya que, como todo el mundo sabe, conseguir 'una conexión internacional desde España era como una ruleta, todo depende del momento y de la suerte'. A mí se me cortaba cada dos por tres cuando llamaba a las líneas eróticas. Desde mi casa no, claro, desde la casa de Joselito, el niño rico de la ciudad, para el que mi padre recogía algodón.

Lo mejor de todo son las descripciones de los grandes monumentos del país. Así, de la Giralda afirma acertadamente que 'habían muerto turistas'. Y es que, pese a las apariencias, esto no es 'América, no había señalizaciones de seguridad, ni pasamanos, ni avisos sobre pólizas de seguros'. Ya se sabe que aquí, si uno es 'lo suficientemente estúpido para caerse, era tu propia culpa, independientemente de quién construyó las escaleras'. Suscribo al pie de la letra lo que dice Dan Brown. Todo aquel que haya visitado la "Plaza de la Universidad" en Valladolid sabrá que es un peligro de dimensiones desconocidas cuando llueve. Si todavía no me he caído y me he roto en dos es por mi pericia, pero allí, ni pasamanos ni avisos ni hostias, ni siquiera pólizas de seguro, como todo el mundo sabe, las salvavidas internacionales por excelencia.

No sé vosotros, pero a mí me encanta el trabajo de este escritor.

Su descripción, precisa como la maquinaria de un reloj suizo, ha sido el motor que ha impulsado al Ayuntamiento de Sevilla a invitar a Dan Brown a que conozca la ciudad. No sé para qué, si se la conoce mejor que la palma de su mano.

Enlaces

¡Probamos la existencia del Hombre-pez!

De nuevo me encuentro en un bar, ahogando mis penas en alcohol. Otro anodino día de mi anodina existencia, una existencia sin sentido y dolorosa. Le doy una intensa calada a mi cigarrillo, mientras mis ojos, tristes y cansados, se retrotraen a tiempos mejores, tiempos donde todo iba bien, donde todo era perfecto, donde aun tenía esperanzas y sueños. Pero mi pasado, por bello e idílico que sea, no oculta la mediocridad de mi presente, que me trae con celeridad de nuevo a la realidad. El camarero limpia las copas. La rubia de dos butacas a mi izquierda no deja de observarme con cara lasciva y mirada libidinosa. Una pareja mantiene una intrascendente discusión tras de mí. Y entonces, una canción triste suena, inundando el ambiente. Ignoro todo lo que me rodea menos esa música que sirve de fondo a mis pensamientos, mientras fluyen libres por mi apatía y deshinibidos por el alcohol. Acerco otra copa a mi boca, observando una incandescente llama que parece bailar al son de la melodía sobre su altar de cera.

Salgo de aquel antro, demasiado borracho para encontrar mi porsche en el aparcamiento, pero lo suficientemente lúcido como para dirigirme hacia mi austero chalet a pie de playa. Me detengo en un semáforo a esperar a que me ceda el paso, ignorando que a esas horas ningún coche circula por allí. Entonces, extraigo de mi gabardina un paquete de cigarrillos y me coloco uno en la boca. Enciendo mi fiel mechero de plata, evocador de mil y un recuerdos felices y pasados, acercándolo al pitillo, que baila libre y despreocupado. Alzo la cabeza para encontrarme las estrellas, pero la noche está turbia. Por fin logro cruzar y sigo mi camino. Me adentro por lugares apartados y oscuros y, en un callejón, mi máquina dice "basta". Apoyo mi mano contra la pared, inco mis rodillas en el suelo, y, finalmente, me desplomo, rendido, en el helado suelo de aquella noche de Invierno.

Horas después me despierto sobre el sudor frío de mis pesadillas. Mis ojos aún no se han acomodado, cuando frente a mí, en el suelo, veo un gran sobre marrón lacrado. Miro a lo alto buscando una figura, y la encuentro. La luz de la mañana me ciega, pero logro reconocer su faz seria y adusta, su piel tallada bajo el sol de mil y una exitosas investigaciones, y su inconfundible e inseparable chaleco multibolsillos. Era "él", sin duda.

Ya en mi hogar, una ducha rápida me reconforta. Desde la puerta del baño, aún con unas gotas de agua recorriendo mis músculos, puedo observar aquel sobre. No puedo explicar las sensaciones que recorren mi cuerpo. ¿Qué será? Viniendo de él, seguro que me sorprende.

Sentado en mi caro sofá del salón de mi chalet, cojo aquel sobre lacrado, y lo miro, como si intentase ver su interior sin abrirlo, leerlo sin que nadie se enterase, evitar que el dechado de verdades irrefutables que allí se encuentra quede intacto e incorruptible. Una gota de sudor rodea mi frente. No lo pienso más y retiro el lacre.

Apoyo mis manos sobre la mesa de ébano. Unas gotas se deslizan desde mí hasta ella, y mis ojos se mueven, nerviosos, nublando por momentos mi visión. Era imposible. Era increíble. Pero era verdad. Aquellos documentos, sellados por el ejército y firmados por altos cargos del Gobierno no dejaban lugar a dudas.

Un poco de historia

En 1674, Francisco de la Vega, un cántabro afincado en Bilbao, desaparece tras ir a nadar a un río con unos amigos la víspera del día de San Juan. Cinco años más tarde, un ser acuático antropomorfo es visto, durante varios días, por pescadores que faenaban en la bahía de Cádiz, hasta que por fin logran atraparlo con un cebo. El ser, que tenía el aspecto de un joven normal, salvo por las escamas ubicadas entre la garganta y el estómago, sólo atinó a pronunciar una palabra en los interrogatorios: Liérganes. Un fraile acompañó al muchacho hasta su pueblo, comprobando que Francisco de la Vega y él eran la misma persona.

Ya en nuestros días, los intentos por demostrar la existencia y rareza de Francisco de la Vega, el Hombre-pez de Liérganes, han sido denostados por malvados y onanistas escépticos, desinformadores e intoxicadores profesionales a sueldo de los servicios de inteligencia, el ejército y el Gobierno, mediante argumentaciones inverosímiles.

Historia ocultada

Lo que no cuentan los relatos, es que Francisco de la Vega deshovó en aquel río bilbaíno. Nadie creía a los pescadores que afirmaban avistar "un pez con el tamaño y la forma semejante a la de un hombre", alegando que "de Bilbao tenía que ser, pues".

Los descendientes del Hombre-pez lograron sobrevivir hasta bien entrado el siglo XX. El 17 de Noviembre de 1960, fueron capturados y trasladados en secreto a un laboratorio militar en Bayona, donde se les sometió a incontables vejaciones en "favor de la Ciencia". Sólo dos lograron sobrevivir a aquella traumática experiencia. Ambos fueron abandonados, moribundos, desapareciendo, hasta la fecha, cualquier rastro sobre su paradero.

Los documentos secretos

Incontables papeles llenos de jerga burocrática, que no puedo enseñar por mi seguridad y la de mi confidente, se amontonan, junto con un par de pruebas irrefutables.

Muestras

Un pequeño tubo guarda en su interior muestras de los descendientes del Hombre-pez, obtenidas en el laboratorio militar de Bayona, supongo que entre llantos doloridos de sus legítimos dueños. Aún puedo sentir ese sufrimiento, como si permaneciese remanente en estos restos. Mi larga lista de contactos me proporciona un lugar seguro y de confianza donde analizarlas, alejado de las sucias y ensangrentadas manos del "poder en la sombra". No tengo más que llamar, discretamente, para no levantar las sospechas de quienes escuchan a través de la línea pinchada de mi teléfono.

- "Telepizza, le atiende Juan Franciso Romero, ¿en qué puedo servirle?"
- "Buenas, querría el 'especial de la casa'". - Digo mientras me guiño a mí mismo.
- "Ah, eres tú, Manuel. Lo siento tío, pero mi difunto gato me rompió el Quimicefa mientras curioseaba".
- "Ahm, vaya, ¿y cuándo podrás solucionar el problema?"
- "Ufff, no sé, macho. Mi madre está que trina con lo del gato y no creo que sea buena idea aparecer por ahí con otro Quimicefa".
- "Así que va para largo".
- "Ya te digo".
- "Bueno, pues ponme una de jamón york y queso".


La "casualidad" parece querer impedirme hallar la respuesta a tan desconcertante enigma. Pero no me voy a rendir aquí. No habiendo llegado a este punto.

Un papel cae al suelo mientras me acomodo la gabardina para volver al bar. Me agacho y lo recojo. Mi cara esboza una sonrrisa socarrona. Nada es casual. En el papel está escrito el número de teléfono que "aquel hombre" me proporcionó en su momento, y que ya me sacó de algún apurillo en el pasado. Sin más dilación, me pongo en contacto con aquellos laboratorios, y envío la prueba para que sea analizada.


Ya ha pasado una semana desde que envié la muestra. Una llamada telefónica resolverá el misterio sobre los restos misteriosos.

- "¿Diga?"
- "Soy 'Benny Man'. ¿Tienen ya los resultados?"
- "Oh, sí. Nos llevó cinco minutos identificarlo".
- "Bueno, y, entonces, ¿de qué se trata?"
- "Son, sin duda, restos de trucha de río".
- "Vaya, así que queda confirmado que son los restos de un pez, y que es de río ¿no?"
- "Emmm... sí, así es... la cabeza y las espinas no dejan lugar a dudas. Por cierto, el cheque que nos pasó no tiene fond... pipipipi".

Como sospechaba, los restos coinciden con los del Hombre-pez, que han sido confundidos con los de una trucha. Lo importante es la confirmación de que esos restos pertenecen a algún pez de río.

Comparativa

Uno de los archivos determinantes de la investigación. Se trata de una comparativa entre una foto del Hombre-pez de Liérganes original, obtenida mediante el Cronovisor, antes de su desaparición en Bilbao, y un dibujo a mano alzada que un testigo realizó en 1679.



Fotografía realizada con el Cronovisor 2.0 a 3 Mpx

A primera vista, la coincidencia entre la foto y el dibujo, en sus rasgos más determinantes, parece clara. Pero no hay que pecar de ingenuidad. Gracias a mi docto uso de las telecomunicaciones, he contactado con un profesional de la informática que se dice "experto en faciales". No sé por qué, pero su apodo, "Mr25cm", me inspira confianza... suena como muy técnico. Ambos compartimos el amor por la cerveza. Mi apodo, "UnaNegra", con claros tintes etílicos, fue lo que le impulsó a conversar conmigo. Para el análisis de semejanzas, se utiliza el mismo software de la policía científica que tan buen resultados dió en su momento en Bélmez. Según el informe del experto:

El estudio exhaustivo de ésta toma con software policial de comparación de rasgos faciales en "modo forzado", nos demuestra que estamos- a un 99 % de posibilidades de admitir- que el dibujo se corresponde con la foto.

Otra prueba irrefutable perfectamente comprobada.

Reacciones escépticas

Sé que muchos de esos ARPíos, reprimidos sexualmente y simpatizantes de la ultraderecha religiosa de nuestro país, negarán la validez de estas pruebas, en base a mil y una excusas de forma y de fondo. Esta investigación que se ha llevado a cabo con el mayor rigor y escepticismo posible. La contundencia de los hechos no se puede disimular.

Pronto veremos como se excusan, negando la mayor, diciendo "donde dije digo digo diego", intentando mantener su prestigio y su tren de vida, que pasa por horas y horas de repetición dogmática de sus ideales irracionales mientras navegan por Playboy.com. Veremos como, al igual que ahora está sucediendo con las informaciones veraces, objetivas y nada manipuladas que ofreció el excelente periodista, investigador y persona Bruno Cardeñosa, al que se está demonizando para ocultar la incompetencia de estos falsos escépticos, los ARPíos intentarán impugnar todo lo que puedan. Poner trabas y engorronar una, y perdón por la falta de modestia, más que sobresaliente investigación. El firmante anónimo de este escrito será acusado mil y una veces, en un afán por ocultar, con falacias, su falta de argumentación. Dirán que, además de del SEIP, soy gay, satanista, del opus dei, estafador de ongs, espía, traficante, pedófilo, grabador de snuff movies, Antonio Salas, el Lobo, magufo, escéptico... jejejeje. Artimañanas de cara a la galería o, como ellos dicen, 'simples adjetivos calificativos'.

Harán comparaciones de la foto aquí expuesta y dirán que está manipulada, o que no se puede determinar ninguna correspondencia entre ambas dado que una es un dibujo y la otra una fotografía. Dirán que el programa de la policía científica ha sido aplicado de manera incorrecta y que la correspondencia entre ambas caras es puramente subjetiva. Incluso afirmarán que el análisis de los restos no es una prueba válida dado que no demuestra su pertenencia al Hombre-pez. Y muchas más cosas. Pura basura pseudoescéptica, promovida por el odio y la envidia que sienten ante los investigadores de estos fenómenos ignorados por la población y ocultados por el "poder en la sombra".

Conclusión

A la vista de las pruebas, claras, precisas, y de acuerdo a las informaciones, veraces y contrastables, sólo podemos determinar que el Hombre-pez realmente existió y que la Ciencia y los escépticos son muuu malos.




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