Mafiosos en Bélmez

Otro duro día desparasitando el mundo con éxito termina. Es una suerte que encontrase el botón de autodestrucción de la base del clon amable de Gámez antes de que su ejército de robots ninja nazi-putero-pederastas conquistase el mundo e impusiese el dogma científico.

Mientras celebro la victoria de la democracia ante las hordas de irracionalidad del pseudoescepticismo (¡ni siquiera creen que Uri Geller tiene poderes!) con un pequeño cócktel preparado en el mueble bar de mi amplio salón y servido en copas de cristal fino, una llamada me interrumpe miserablemente.

- ¿Diga?- Impongo con voz viril.
- Sabemos quién eres. Ante nosotros no puedes esconderte.

Tras los dos nanosegundos que tardo en salir de mi asombro, tiro el teléfono inalámbrico al suelo y salto por encima de mi mesa de caoba; mientras doy una voltereta por el carísimo parquét de mi casa, giro 180º sobre mi espalda, quedando tras de mí sólo la pared, y saco veloz una pistola con la que cubro con rapidez todo ángulo peligroso. Es de fogueo, pero como es una réplica de una Desert Eagle, impone.

Tranquilizado, me yergo en toda mi altura (1,80, musculoso, depilado; actuaciones privadas en despedidas de soltera) y colijo sin demora el origen de esa misteriosa llamada. El tono de su voz era claramente cavernoso, tímido en las reuniones formales pero feroz en momentos de excitación. Sólo podía tratarse de los capullos[1] arpíos. Esos miserables, chantajistas, boicoteadores, mentirosos y violentos arpíos[2].

- ¡Malditos, malditos arpíos!

Grito, lleno de ira descontrolada, y aprieto con tanta fuerza mi pistola que no puedo evitar romperla en mil pedazos.

- ¡Nooo! ¡Mi pipa!

Sabía que tenía que haber comprado la versión en metal y no en plástico.

- Jodidos arpíos... otra afrenta más.


Las horas pasan. La noche está siendo dura. El sueño no quiere acompañarme, y no paro de revolverme, nervioso (probablemente por otro tema que no tiene nada que ver), intentando encontrar la postura correcta, sin éxito. Puede que esto sea a causa de que, en este momento, con la Luna llena deslumbrando sobre la ciudad y desatando el descontrol, la postura correcta se encuentre en un taburete del bar que dobla la esquina, apurando una de las tantas jarras que desfilan por la barra.

Es muy tarde, y casi no queda gente. Sólo unos pocos solitarios que en silencio llenan y en silencio vacían sus copas. Una imagen penosa; mucho más si formas parte de ella.

Antes de que el último trago salga disparado hacia mi esófago por el impulso de mi voluntad y acabe por noquearme, el barman tapa mi vaso con su mano, captando mi atención como nunca nadie antes lo había hecho.

- Tienes una llamada- Dice mientras señala el teléfono del final de la barra.

Con paso incierto me dirijo allí, cojo el teléfono con la precisión que me permite la situación, y contesto.

- Aquí Napoleón. Josefina está indispuesta.

- No hay tiempo de jugar, M. Has de prestar atención.

Al momento mi faz cambia completamente de expresión, y con la seriedad de un hombre sobrio apunto en mi memoria lo que el informador anónimo me dice. Es parco en palabras; cuestiones de seguridad.

De vuelta a casa, reflexiono brevemente. Hace frío, pero no me importa. Pongo un cigarrillo maltrecho en mi boca y le acerco la candorosa llama que la combustión de la gasolina provee a mi zippo. Una calada profunda, y lanzo el humo a las estrellas. Mientras el pitillo baila descontrolado por mi boca, en mi cara se dibuja, inevitablemente, una sonrisa. Un distorsionador de voz no puede esconder la brillantez de Su genio.

En la mañana el Sol ciega como siempre mi visión. Apenas soy capaz de seguir mirando al frente mientras subo calles y calles camino de mi destino, con Sus palabras todavía resonando en mi cabeza. “Allí te espera la irrefutable prueba de la inhumanidad arpía[3]”. Me adentro en la penumbra de aquel lugar hasta encontrarme con mi contacto, un hombre alto, con la nariz ganchuda, de entre 35 y 40 años, con prominente calva parcial y varios pelánganos circundándola, barba de tres días, y una poco estética barriga cervecera… vamos, todo lo contrario a mí.

- “Mi prima filmó un mono mofeta”

- ¿Qué?

Un poco confuso, giro sobre mí mismo y miro el cartel que pone ‘Blockbuster Video’. Sí, aquí es donde me citó Él.

- Esto... yo venía aquí porque me dijeron que tenían algo para mí…

- Ah, viene por el sobre que JJB (por cuestiones de seguridad sólo pongo las iniciales) dejó. No sé porqué se andan con esos rollos de película de James Bond…

Manipulándolo sin respeto, probablemente ignorando su contenido revelador, me acerca el sobre, que cojo con ciudado en mis temblorosas manos[4].

- Ah, bien, gracias. Hasta luego.

- Eh… ¿no alquila nada?

- Eh, no, es que… llego tarde, ¿sabe?

- … rata…

- ¡¿Cómo?!

- Nada, nada, que tenga usted una buena mañana.


Un poco mosca, me dirijo hacia un lugar seguro, un piso franco, para poder estudiar y admirar en toda su gloria la información que Él ha tenido la dicha de depositar en este sobre.

Es un edificio viejo, situado en un barrio pobre y poco transitado, con las paredes corroídas por la humedad. Abro la puerta del piso y me encuentro ante un panorama desolador: las persianas medio rotas dejan pasar una brizna de luz tamizada por el polvo de las ventanas; un sofá medio carcomido se posiciona frente a una mesa llena de papeles, pequeños dechados de verdades oficiales, sin ningún orden lógico en su disposición; un cenicero a rebosar de colillas me recuerda las noches de estudio profundo que he pasado sentado en ese sillón y apoyado en esa mesa. Cierro cautelosamente la puerta tras de mí (porque si no me quedaría fuera) e intento acomodarme lo más posible. Esta será una noche dura


El violento camino del escepticismo


Acurrucado en una esquina, intento sintetizar toda la información, descubrir un atisbo de coherencia entre la amalgama de experiencias que acumulo y las que ahora me son mostradas. Pero nada tiene sentido. Ni el más perverso de los dictadores, ni el más cruel de los asesinos, ni el más perturbado de los positivistas lógicos… los “arpíos” superan con creces el listón de aquellos que la Historia ha juzgado como dignos de ser odiados por la Humanidad.

En un desgarrador video se puede ver cómo Ares de Blas, presidente de ARP-SAPC, se encuentra frente a un grupo de niños, todos ellos vestidos con arapos, sucios, desnutridos, que dirigen sus miradas temerosas a De Blas e intentan soltar las cadenas que les atan a la pared. Súbitamente, De Blas se arranca la piel de la cara y de su tronco emerge una cabeza que supera en tamaño a la suya propia, con una mandíbula partida por el mentón y dos grandes colmillos allí donde se unen las dos mitades. El cámara cambia ligeramente el ángulo y muestra el origen de lo que hasta ahora sólo habían sido pequeños sonidos de fondo: una jaula vieja y oxidada donde se amontonan un grupo de pequeños gatitos. Sin contemplación, De Blas agarra fuertemente uno de esos gatitos y, ante la mirada preocupada de los niños, lo engulle, quedando tras de sí sólo los maulliditos de sus compañeros de celda. Los críos rompen entonces a llorar, la cámara pasa con rapidez a una posición fija y alguien, probablemente Javier Armentia, aunque la capa no hace posible discernirlo con seguridad, se acerca con una pequeña botella para recoger sus lágrimas mientras repite incesamente “llorad, sí, llorad” y se ríe de modo enfermizo.

Si bien mucho de lo recopilado en ese sobre lacadoTM sirve para condenar al ostracismo a cualquier ser humano, lo que más me llamó la atención fue un informe en el que se recogen, con pelos y señales, los ardides “arpíos” en el affaire Bélmez. Durante un año[5] me recorrí media España haciendo entrevistas a guardias civiles y testigos, a científicos, recogiendo y enviando muestras para analizar, colaborando con los grupos de investigadores e intercambiando información, con resultados poco satisfactorios. Ahora encuentro la razón de tan infértil investigación. Ahora, al fin, sé por qué Bélmez sigue siendo un enigma, pese a los brillantes y continuados embites de “un atormentado buscador de la Verdad[6].

Las intervenciones arpías comenzaron ya en los años 70, cuando varios futuros miembros, todavía imberbes, hicieron uso de sus amiguismos en el gobierno franquista y sus relaciones con la cúpula del Opus Dei[7] para cerrar en falso todo el asunto. Tal fue su efecto que el tema coleó con debilidad y desprestigio durante treinta años. Sería muy largo y peligroso revelar todo esto aquí y ahora, de modo que sólo pondré un ejemplo suave de las malsanas y violentas injerencias arpías en todo este asunto.


Operación Grefusa


En diciembre de 2004, un conocido activista por los derechos de los animales fallecidos y sus representaciones paranormales fue a Bélmez a armar bulla. Entre otros, el antropólogo PA relató las fechorías que este personaje pagado por los servicios de inteligencia de tres países de Europa del este en colaboración con ARP-SAPC y el CE[8] había cometido con la finalidad de desprestigiar el fenómeno, intentando dibujar falsas teleplastias. Este modus operandi es muy común en este tipo de grupos fanatizados, como podemos corroborar con el famoso Proyecto Alfa de James Randi o el Proyecto Iván, intentando falsificar genuinos fenómenos naturales para hacerlos pasar por sobrenaturales. En este caso, y a pesar de las medidas de seguridad y distracción que tomó el vándalo, varios de los valientes y perspicaces investigadores personados en Bélmez para estudiar el caso pudieron detenerle, no sin riego para sí mismos, antes de que cometiese el desfalco. Rabioso y escupiendo espuma por la boca, el alborotador amenazó a los asistentes con ponerlos a “criar gusanitos[9] si no cejaban en sus investigaciones.

Conclusión

Sólo hay una conclusión válida ante tal torrente de evidencias: los arpíos son grupos organizados de ideologías extremas y actitudes violentas que, al servicio de poderes oligárquicos, intentan desviar el camino del investigador en busca de la Verdad. Sus fines son lucrativos, exclusivamente, y sus tácticas propias de camorristas. Ya en terreno más personal, sus costumbres bárbaras y el extremo relativismo moral del que hacen gala les convierten en proyectos de humano, desvirtuados en algún punto de su proceso de civilización, y completamente alejados del ideal de Humanidad de cualquier cultura conocida.


Notas


[1] "He realizado estudio tipológico [...] y he concluido que los arpios os dividis basicamente en los que tienen caraculo, y los caracapullo". Fuente.

[2] "Por esa razón, por todas los chantajes de ARP a las universidades que se atreven a tratar lo paranormal sin contar con ellos; por sus boicots a programas de TV o radio sobre temas paranormales; por la difusion de mentiras y calumnias sobre quienes no piensan como ellos en todos sus medios y publicaciones; por el uso de amenazas, abuso de poder y campañas violentas contra sus detractores, y por que basta oiros hablar para que el brazo izquierdo se erecte de cara al sol... sois una panda de fascistas...." Fuente.

[3] ‘inhumanidad arpía’ es algo redundante, dado que la propia definición de ‘arpío’ lleva aparejada la de ‘inhumanidad’.

[4] Fue una pirula que me dio Iker Jiménez la que hace que me tiemblen muy vistosamente las manos cuando estoy turbado, nervioso o impaciente por algo. Menos mal que aprendí a matar mis emociones del maestro Steven Seagal.

[5] “Yo he localizado a todos y cada uno de los guardias que estubieron destinados en Belmez cuando aparecieron las Caras. Durante más de un año me dedique en exclusiva a este tema. He hablado con todos, incluido el Comandante de Puesto d ela época, menos el que estaba en Extremadura y ya murio. Y salvo aclararme lo de la Operacion Tridente (sigo esperando la aportación de Yamato al respecto) me sirvieron de poco mas. No hubo ni habrá tal investigación criminalistica.Fuente.

[6] "Clara Tahoces: Teólogo, criminólogo, escritor, ilusionista, investigador de sucesos paranormales... Es usted muy polifacético y, a veces, parece perseguido por las polémicas. O ¿es usted, quizá, quien las genera? Algunas personas se preguntan quién es de verdad Manuel Carballal...

"Manuel Carballal: Nadie especial. Un atormentado buscador de la Verdad, como todos, supongo. Pero es cierto que esa búsqueda, en mi caso, es lo mas importante, quizás por eso a veces asumo algunos riesgos que generan ciertas polémicas. Pero mi objetivo es lo que hay mas allá de las mismas. La polémica normalmente solo te hace perder tiempo y energía."
Fuente.

[7] “El de Vidal no es un caso aislado, ni muchísimo menos. Y que algunos miembros de ARP hayan estado vinculados a grupos como el OPUS DEI o Nueva Acrópolis (lo que podría hacernos sospechar que sus ataques a otras creencias intentan eliminar competencia) (4) no es grave, al fin y al cabo (aunque según ARP la ciencia no lo sea) España es un país democrático y la Constitución Española (artículo 16) defiende la libertad de creencias, hasta para los "escépticos".Fuente.

[8] Y eso que el CE todavía no había sido creado. ¡Así es su visceralidad y mala baba, que incluso nonnatos intentan desprestigiar “el misterio”!

[9] "Se les sorprendio a ambos intentando dibujar una cara, a escondidas, con agua, y el aceite resultante de los gusanitos, que degustaban en la dicha casa." Fuente.



Recreación de un 'gatito de Bélmez' realizada por experimentados expertos con el más moderno software policial.

Pseudociencia en Valladolid

En el quiosco de El Corte Inglés tienen buena mano a la hora de separar la ciencia de la superstición.



Los de la sección de divulgación parece que tienen la misma maña. Aunque es un acierto que incluyesen la Guía políticamente incorrecta de la ciencia. Si no, ¿cómo me iba a enterar de que hay más evidencias en favor del Diseño Inteligente que en favor del Evolucionismo?



Aunque a decir verdad, los mejores libros se encuentran en librerías esotéricas. ¡Y pensar que todavía haya gente que "juegue" a la lotería!



Bueno, eso para los zarrapastrosos materialistas. Los puros de espíritu no pueden dejar pasar la oportunidad de conseguir ¡las increíbles Meditaciones diarias actualizadas por los Grandes Maestros de Luz y Sabiduría!.



Por supuesto, en Valladolid también hay actividades al aire libre para aquellos de espíritu inquisitivo.



Y también hay espacio para quienes se quieran montar sus pirulas por su cuenta. ¿Qué será ese foco de luz tan extraño en el raro, raro cielo? ¿Ayudaría si os digo que producía un sonido atronador y se movía a una velocidad endiablada, y que tras fotografiarlo me secuestraron unos enanos cabezones con un interés malsano por sodomizarme?

La verdad sobre el 11-S

Los chicos de South Park nos descubren toda la verdad sobre las intrincadas conspiraciones que rodean los atentados del 11-S.




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